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Liceu 2026/2027 Y La Transformación Del Ritual

Liceu 2026/2027 y la transformación del ritual

ISRAEL DAVID MARTÍNEZ     ABR. 27, 2026 (Foto: Sergi Panizo©)

El Gran Teatre del Liceu ha presentado una temporada 2026/2027 atravesada por una idea de notable potencia conceptual, (Des)sacralizar. El lema funciona mejor cuando se entiende menos como consigna que como método de lectura. El teatro propone una programación que observa el rito operístico desde dentro, lo interroga, lo desplaza y lo devuelve al espectador convertido en experiencia compartida. En su último año del Plan Estratégico 2023-2026, el Liceu parece querer afirmar una identidad doble, fiel a la tradición de las grandes voces y a la vez decidido a convertirse en un centro de creación, pensamiento y diálogo entre disciplinas.

La temporada reúne nueve títulos de ópera escenificada, cuatro óperas en versión concierto, una nueva ópera comunitaria, dos microóperas, cuatro espectáculos de danza, conciertos, recitales y un amplio despliegue educativo y digital. Las cifras importan porque revelan ambición, 194 funciones, un presupuesto de 63,1 millones de euros y el objetivo de alcanzar los 300.000 espectadores. Pero lo verdaderamente relevante está en la arquitectura artística que sostiene esos números.

El inicio llegará con Aida de Verdi, en la poderosa mirada visual de Shirin Neshat, artista invitada de la temporada y figura esencial en la construcción estética del curso. La presencia de Anna Netrebko, Anna Pirozzi, Yusif Eyvazov y Piotr Beczała sitúa el arranque en el territorio de la gran ópera entendida como espejo político, moral y humano. El Liceu seguirá reivindicando su condición de teatro de voces con nombres de primer orden, entre ellos Sondra Radvanovsky, Lisette Oropesa, Lise Davidsen, Nadine Sierra, Asmik Grigorian, Pretty Yende, Freddie De Tommaso, Ermonela Jaho y Roberto Alagna.

Uno de los grandes acontecimientos será el inicio de una nueva Tetralogía wagneriana con Das Rheingold, en coproducción con la Bayerische Staatsoper, dirección escénica de Tobias Kratzer y dirección musical de Jonathan Nott. La llegada de Nott como director musical abre una etapa decisiva para la Orquesta del Liceu. Su presencia en Das Rheingold, Jenůfa, el War Requiem, el concierto de bienvenida y el Concierto de Año Nuevo no debe leerse como un mero relevo institucional, sino como una apuesta por una nueva energía sonora. Tras los catorce años de Josep Pons, ahora director musical honorario y responsable de la nueva Flauta mágica de Marcos Morau, el teatro inaugura un ciclo de alta exigencia musical.

Las nuevas producciones propias marcan otro eje esencial. Die Zauberflöte, firmada por Marcos Morau, promete una lectura escénica de enorme interés, con fuerte presencia de talento nacional. Jenůfa, en manos de Àlex Ollé, con Asmik Grigorian y Nina Stemme, aparece como una de las citas más esperadas por su densidad emocional y su mirada sobre la violencia moral de las comunidades cerradas. A ello se suma La rosa dels set pètals, segunda ópera comunitaria del teatro, vinculada al distrito de Sant Andreu, que prolonga la línea abierta por La gata perduda y confirma una idea cultural de largo alcance, la ópera también puede ser territorio de participación, memoria y tejido social.

La temporada incluye además hitos de enorme interés. The Exterminating Angel de Thomas Adès, dirigida por el propio compositor y con producción de Calixto Bieito a partir de la propuesta parisina, será una de las grandes novedades contemporáneas. La fanciulla del West regresa después de 43 años, con Sondra Radvanovsky. I Capuleti e i Montecchi traerá a Lisette Oropesa y Raffaella Lupinacci bajo la dirección de Riccardo Frizza. La clemenza di Titovolverá con Jordi Savall y Le Concert des Nations.

La danza consolida también su peso con El cascanueces, Assembly Hall de Crystal Pite, NumEros de la Compañía Nacional de Danza y una Gran Gala de Danza. En paralelo, LiceuOPERA+ confirma la voluntad digital del teatro con una plataforma más ambiciosa, un lenguaje audiovisual renovado y el objetivo de llegar a 10.000 abonados.

El resultado es una temporada vasta, diversa y sólidamente articulada. El Liceu parece comprender que la institución operística del presente ya no puede limitarse a conservar el templo. Debe abrir sus puertas, revisar sus liturgias, convocar nuevas miradas y sostener, con rigor, aquello que la hizo necesaria. En esa tensión entre herencia y transformación se juega la fuerza real de esta programación.

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