La libertad según Chagall

Marc Chagall
Le Marchand de bestiaux [El vendedor de ganado], c. 1922-1923
© Marc Chagall / VEGAP, Madrid, 2024
© Centre Pompidou, MNAM-CCI, Dist. RMN-Grand Palais / Philippe Migeat
ISRAEL DAVID MARTINEZ FEB. 10, 2024
En las sobrias salas de la Fundación MAPFRE, la exposición Chagall. Un grito de libertad despliega no solo el colorido universo onírico del artista ruso-francés, sino también su alma. Del 2 de febrero al 5 de mayo de 2024, esta muestra —fruto de la colaboración con La Piscine de Roubaix y el Musée national Marc Chagall de Niza— se convierte en una de las más ambiciosas aproximaciones a la figura de Marc Chagall (1887-1985) en los últimos tiempos. Y no solo por el volumen de obra reunida, sino por la perspectiva que adopta: la del artista comprometido con la historia de su siglo, un testigo lírico del desarraigo, el exilio y la esperanza.
Comisariada con precisión y sensibilidad por Meret Meyer y Ambre Gauthier, la exposición no se limita a trazar un recorrido cronológico por la obra de Chagall, sino que propone una lectura política y profundamente humana de su arte. Se nos presenta al pintor no solo como el mago de los colores flotantes y los amantes suspendidos en cielos imposibles, sino como un autor que, sin renunciar nunca a su lirismo, se posicionó ante las sombras de su tiempo con una voz clara y una fe inquebrantable en la paz.
La muestra se articula en torno a los grandes hitos vitales del artista, su infancia en la Rusia blanca, marcada por las tradiciones judías; su paso por la Alemania de entreguerras; el destierro en Palestina y Estados Unidos durante el horror nazi; su estancia fugaz en México y, finalmente, su asentamiento en el sur de Francia. Cada etapa, cada desplazamiento, deja huellas visibles en sus lienzos, que funcionan como ventanas a un mundo interior turbado por las sacudidas de la historia, pero aferrado a una visión poética del ser humano.
Destacan obras como La guerra (1943), donde los tonos encendidos y las figuras desencajadas revelan la angustia del exilio y la brutalidad del conflicto, o El canto del mundo, serie monumental en la que Chagall —ya en la madurez— abraza el sueño de una armonía universal, poblada de músicos, campesinos, animales simbólicos y ángeles custodios. La iconografía, tan suya, se despliega aquí con renovado vigor, al servicio de una utopía: la de una humanidad reconciliada consigo misma.
Es inevitable leer esta exposición también desde nuestro presente, atravesado por nuevas formas de desplazamiento forzado, guerras y polarización. En ese sentido, Un grito de libertad no es solo una muestra retrospectiva: es una llamada a la conciencia, una invitación a mirar el arte como refugio, como resistencia, como gesto radicalmente humano.
La Fundación MAPFRE ofrece, así, una de las exposiciones más necesarias de la temporada madrileña. Un recorrido que emociona, interroga y deslumbra. Chagall, a casi cuarenta años de su muerte, sigue volando por encima del mundo con su pincel en alto, recordándonos que incluso en medio del horror, la belleza y la esperanza pueden —y deben— seguir existiendo.
