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La Marca Gergiev Se Reivindica En Barcelona

La marca Gergiev se reivindica en Barcelona

TELMO SANS RUIZ     FEB. 3, 2022 (Foto: @May Zircus)

Los teléfonos móviles llevan más de un cuarto de siglo en nuestras vidas, sin embargo, en cada concierto, alguna interrupción de estos aparatos rompe la magia del momento en el escenario. Si esta desgracia ocurre con la Orquesta Mariinsky y Gergiev, el acto pasa de falta de respeto a herejía.

Ocurrió durante la primera obra, el 2º Concierto para Piano de Brahms, donde se escuchó una alarma de teléfono móvil durante 5 minutos de reloj. Hasta el concertino de la orquesta, el legendario Lorenz Nasturica-Herschcowici, tuvo tiempo para dirigirse hacia la zona del sabotaje y mandar una mirada asesina. Por suerte la actitud profesional de los artistas, en este caso Valery Gergiev, Nelson Goerner y la Orquesta Mariinsky, prevaleció una vez más. 

Entrando en lo propiamente musical, se vivió una velada que no estuvo nunca a la altura de lo que se esperaba, sino siempre por encima. Es justo hacer una mención especial a Nelson Goerner en su estreno como artista residente de Ibercamera esta temporada. El pianista argentino se movió a través de un muy exigente 2º Concierto para piano de Brahms con firmeza en los tuttis orquestales, a la vez que variaba con plumas en vez de dedos en el delicadísimo tercer movimiento del concierto. No dejó de sorprender en ningún momento lo atento que estaba en todas las entradas con la orquesta, coordinándose a la perfección con los músicos y su director. Ni el ya mencionado teléfono desconcentró al virtuoso pianista, que puso el broche a su actuación con el precioso Nocturno nº 20 de Chopin. 

Una ovación quizás corta ante la profesionalidad demostrada por los músicos, dio paso al descanso.

A la vuelta se doblaron las secciones de viento de la orquesta para interpretar Una Vida de Héroe, de Richard Strauss. Fue interesante ver como no se ocupó todo el escenario, sino que Gergiev prefirió un sonido de la orquesta más compacto y juntó extremadamente a la sección de cuerdas. 

Arrancó el poema sinfónico con Gergiev y sus discípulos reivindicándose ante las interrupciones de la primera parte. El concertino Lorenz Nasturica-Herschcowici interpretó a las mil maravillas los complicados solos de violín y Gergiev sacó su marca a relucir ofreciendo en la orquesta un equilibrio, un sonido y una música digna de competir con las más grandes orquestas sinfónicas centroeuropeas. 

Después de tal interpretación, el público irrumpió en grandes aplausos que tuvieron como recompensa un bis de la orquesta -el Scherzo, de una Noche de Verano, de F. Mendelssohn-.

Si había expectativas altas, las superó. Si quedaban techos por romper, los quebrantó. Si alguien tenía duda alguna del talento de este director, Gergiev volvió a sacar a relucir su marca personal.

ibercamera.com

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