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Pietrasanta Descubre El Futuro Del Violín

Pietrasanta descubre el futuro del violín

(Ángels Oltra Villanueva)

ISRAEL DAVID MARTÍNEZ     JUL. 28, 2026 (Fotos: ©Bernard Rosenberg)

La cita anual con los alumnos de las Masterclasses de violín de Pietrasanta in Concerto se ha consolidado como uno de los momentos más esperados del festival. Lejos de la condición de simple concierto de clausura, esta velada constituye un auténtico escaparate del talento emergente que se forma bajo la tutela de algunos de los grandes maestros de la escuela violinística internacional. La edición celebrada el pasado 27 de julio, en la Iglesia de San Giovanni de Val di Castello Carducci, volvió a confirmar el extraordinario nivel artístico alcanzado por estos jóvenes intérpretes, ofreciendo un concierto de una calidad excepcional que superó ampliamente las expectativas de un acto académico.

(Familia Guttman-Zhao)

Las condiciones ambientales no fueron precisamente benévolas. El sofocante calor que reinaba en el interior del templo obligó a numerosos asistentes a abandonar momentáneamente sus asientos para buscar unos instantes de aire fresco en el exterior antes de regresar a la escucha. Sin embargo, aquella circunstancia, lejos de restar intensidad a la velada, terminó convirtiéndose en una simple anécdota frente a la contundencia musical de cuanto sucedía sobre el escenario.

(Juliette Guttman-Zhao)

El concierto se abrió con una imagen cargada de simbolismo. La jovencísima Juliette Guttman-Zhao compartió atriles con sus padres, Michael Guttman y Jing Zhao, en el Divertimento en si bemol mayor para piano, violín y violonchelo, K. 254 de Mozart. Podría haberse tratado únicamente de un hermoso gesto familiar; fue, en realidad, la constatación de una personalidad musical excepcional. La naturalidad de su discurso, la limpieza de la articulación, la elegancia de su pulsación y, sobre todo, una sorprendente capacidad para construir el fraseo mozartiano con absoluta espontaneidad revelaron una madurez artística impropia de su edad. Más tarde, con el explosivo Presto agitato de la Sonata op. 27 n.º 2 de Beethoven, confirmó una técnica ya extraordinariamente asentada. Pocas veces resulta tan evidente la sensación de encontrarse ante una artista destinada a recorrer un camino de primerísimo nivel internacional.

A partir de ese momento fueron sucediéndose los jóvenes violinistas surgidos de las clases magistrales, enfrentándose a algunas de las páginas más comprometidas del repertorio. Lo verdaderamente admirable no fue únicamente la seguridad técnica —que en términos generales resultó sobresaliente—, sino la personalidad con la que cada uno de ellos afrontó obras cuya complejidad exige mucho más que mero virtuosismo. En un repertorio que transitó desde Mozart hasta Ysaÿe, pasando por Bruch, Paganini, Ravel, Sibelius, Grieg, Brahms o Franck, predominó una concepción musical sólida, construida desde el sonido, el fraseo y la comprensión estilística.

(Mihai Mangir)

Entre todas las intervenciones sobresalió con especial brillantez Mihai Mangir, cuya lectura del Capricho n.º 24 de Paganini constituyó uno de los momentos culminantes de la noche. Más allá del indiscutible dominio de las temidas dificultades técnicas de la obra, impresionó la naturalidad con la que integró el virtuosismo dentro de un discurso musical siempre coherente, evitando cualquier exhibicionismo gratuito. Su interpretación desprendió seguridad, imaginación y una notable madurez escénica, cualidades que fueron reconocidas de inmediato por un público particularmente entusiasta.

(Xavi Òdena Gómez)

Especial relieve adquirió asimismo la presencia española, sin duda la delegación más numerosa y también una de las más sólidas del concierto. Xavi Òdena Gómez encontró en el Adagio del Primer Concierto de Bruch un espacio ideal para desplegar un sonido amplio, noble y de gran riqueza tímbrica, sostenido por un fraseo de admirable respiración. Àngels Oltra Villanueva asumió el imponente primer movimiento del Concierto para violín de Sibelius con autoridad técnica y una concepción de amplio aliento sinfónico, mientras que Joana Santandreu Teixidor ofreció quizá una de las interpretaciones más refinadas de la velada gracias a una lectura profundamente lírica de la Primera Sonata de Brahms, donde equilibrio, elegancia y sensibilidad camerística confluyeron con admirable naturalidad. Los tres confirmaron el excelente momento que vive la escuela española de violín y dejaron una impresión difícilmente olvidable.

(Joana Santandreu Teixidor)

Si hubo, no obstante, un protagonista silencioso durante toda la sesión, ese fue el pianista Simone Anelli. Su labor como acompañante excedió con mucho la función habitual del repertorista para convertirse en un verdadero ejercicio de música de cámara al más alto nivel. Su trabajo fue, sencillamente, ejemplar. No sorprende, por ello, que en apenas unas semanas inicie una nueva etapa en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, institución donde, sin duda, continuará desarrollando una carrera que ya apunta hacia cotas muy elevadas.

En el concierto también participaron Audrey Hongying, Alexander Sardon, Patrick Erling, Lana Zorjan y Tiantian Lu.

(Tiantian Lu)

Este concierto volvió a demostrar que Pietrasanta in Concerto no es únicamente un festival de excelencia, sino un auténtico laboratorio donde confluyen la gran tradición interpretativa europea y el futuro inmediato de la música. Lo escuchado en San Giovanni de Val di Castello Carducci permite afirmar, sin temor a exagerar, que entre estos jóvenes músicos se encontraban varios de los nombres que muy probablemente protagonizarán los escenarios internacionales en los próximos años. Quienes asistieron a esta velada no presenciaron simplemente un concierto de fin de curso; fueron testigos del prometedor porvenir del violín.

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