Roberto Prosseda: la elocuencia de la claridad

ISRAEL DAVID MARTÍNEZ JUN. 20, 2026 (Fotos: ©Rosella Mele)
La Iglesia de Santo Stefano a Cennano de Castelmuzio acogió el pasado 20 de junio un recital de notable categoría artística a cargo de Roberto Prosseda, uno de los pianistas italianos más distinguidos de su generación. Reconocido internacionalmente por sus grabaciones y estudios dedicados a Mendelssohn, así como por una trayectoria caracterizada por el rigor estilístico y la curiosidad intelectual, Prosseda ofreció una velada que permitió recorrer algunos de los momentos más elevados de la literatura pianística entre el Clasicismo y el Romanticismo.
Conviene señalar, no obstante, que el programa resultó quizás excesivamente extenso para una ejecución concebida sin pausa. La sucesión de Mozart, Mendelssohn y Chopin conformaba un itinerario musical fascinante, pero la considerable duración del recital terminó exigiendo un esfuerzo de concentración tanto al intérprete como al público. Más aún si se considera que Prosseda afrontó la actuación padeciendo visibles molestias de espalda que, aunque nunca llegaron a comprometer el nivel artístico de la interpretación, sí parecieron afectar ocasionalmente a su comodidad física frente al teclado.
La apertura mozartiana constituyó uno de los puntos culminantes de la noche. Tanto la Fantasia K 397 como la Sonata K 330 fueron abordadas desde una óptica de admirable pureza estilística. La claridad de las líneas, la limpieza de la articulación y la transparencia sonora revelaron a un intérprete plenamente familiarizado con el lenguaje del Clasicismo. Prosseda evita cualquier gesto superfluo y confía en la fuerza intrínseca del discurso musical, logrando un Mozart cristalino, elegante y de extraordinaria naturalidad.

La sección dedicada a Mendelssohn confirmó una de las especialidades más reconocidas del pianista. Los Lieder ohne Worte aparecieron modelados con una sensibilidad casi vocal, donde cada frase parecía respirar con absoluta espontaneidad. La evocadora Gondoliera veneziana, el refinado Duetto y el luminoso Canto di primavera encontraron un equilibrio ideal entre lirismo y contención. Por su parte, el Rondò Capriccioso op. 14 permitió apreciar una faceta más brillante y virtuosística, siempre subordinada a una impecable lógica musical.
La última parte del recital estuvo dedicada a Chopin. Los Notturni opus 9 y opus 62 fueron expuestos con exquisita elegancia, alejados de cualquier sentimentalismo excesivo. Prosseda mostró aquí una capacidad poco común para mantener la tensión estructural sin renunciar a la poesía. Esta virtud alcanzó su máxima expresión en la monumental Ballata n.º 4 op. 52, interpretada con una visión arquitectónica admirable y una intensidad expresiva constantemente controlada.
El público respondió con cálidos aplausos a una actuación que destacó por su inteligencia musical, su refinamiento estilístico y la honestidad de su planteamiento interpretativo. Afortunadamente, quienes deseen volver a escuchar a Roberto Prosseda tendrán una nueva oportunidad muy pronto: el pianista participará también en la próxima edición de Pietrasanta in Concerto, una cita imprescindible del verano musical italiano donde su presencia figura entre los atractivos más esperados de la programación.
