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Beethoven, Del Fuego Y Las Cenizas

Beethoven, del fuego y las cenizas

(Photo by May Zircus)

By JOSUÈ BLANCO     MAR. 17, 2019

La OBC se pone al filo de la navaja con una más que controvertida Novena Sinfonía de Beethoven, con una elaborada producción escénica de mano de la compañía teatral Agrupación Señor Serrano.

La polémica estuvo en boca de todos a lo largo de la semana debido al cartel promocional del evento: la bandera de Europa plasmada en un ceñido calzoncillo, la trama prometía desde un buen inicio. 

La Novena sigue siendo una de las más reconocidas obras del compositor alemán, obra clave que culmina la producción sinfónica del autor en su última etapa vital, obra de referencia para otros autores posteriores que recogerán las innovaciones planteadas en ella, como la incorporación de los solistas y el coro mixto, quienes se encargan de dar voz al poema de Schiller An die Freude, quizá traducido como Oda a la alegría, un texto poderoso que se convirtió en el himno de la Unión Europea el 1972, luego de ser adaptado por Herbert Von Karajan. Todos estos elementos han facilitado y aumentado la fama y conocimiento de esta obra tan singular.

La interpretación por parte de la OBC estuvo a la altura de tal empresa, destacando el papel del director titular Kazushi Ono, quien se embarcó en la hazaña sin la partitura, quizá para evitar el molesto papel ante la coordinación que merece la obra, además del hecho añadido de tener que acoplar la masa sonoro, más que considerable si se suma el grueso de la orquesta, el coro y los solistas, a todo lo que estaba pasando en la pantalla y en el escenario producto del trabajo en directo de la Agrupación Señor Serrano. 

Muchos jamás habríamos imaginado escuchar abucheos al final de una obra de Beethoven, cosa que se ha producido este fin de semana en l’Auditori, por otro lado cabe imaginar que los abucheos no iban dirigidos ni a la música de Beethoven, ni a la dirección magistral del maestro Ono, o la interpretación de la OBC, más bien lo que ha molestado a algunos ha sido el arriesgado y abiertamente provocador trabajo de la Agrupación Señor Serrano. 

No pocos conciertos han acabado de malas maneras a lo largo de la historia, las salas de conciertos en ocasiones han albergado disputas estilísticas y intelectuales de alto nivel, el propio Beethoven fue considerado demasiado radical en algunas de sus aportaciones, cabe señalar, por ejemplo, el fracaso de una de sus últimas obras: la Gran fuga, considerada incomprensible para su momento y que cargó con las mas duras criticas. 

También recordar el fracaso del estreno de la Consagración de la primavera de Stravinsky, obra que nos ofreció la semana pasada la OBC, aunque en este campo muchos consideran que la tirantez vino dada por la coreografía de Vaslav Nijinsky más que por la música.

Algo parecido es lo que ha pasado este fin de semana, un escándalo ya previsto y que ha culminado con la división del público, entre los aplausos y los abucheos. 

El trabajo de la Agrupación Señor Serrano pretendía recoger esta idea europea a la que se ha asociado la Novena pero con una visión crítica y actualizada; bajo el título de Garden Center Europa, la idea era asociar a Europa como un jardín, un falso idilio en el que las flores tapan la suciedad y la basura mientras todo queda cerrado por una bonita cerca, que a la vez se transforma en una cruel frontera infranqueable. 

La calidad artística y visual de la performance fue en todo momento excepcional, recurriendo a vídeos gravados y cámaras en directo que nos permitían ver este doble paisaje, a la vez que recordar ciertos episodios del pasado que desgraciadamente vuelven a acechar en nuestra actualidad, a esto se le añadían momentos más transgresores donde el fuego devoraba una serie de objetos: una flor, una oreja, un reloj de arena, un falo o el propio busto de Beethoven, toda una sucesión de símbolos que podemos asociar con nosotros o con lo foráneo, con el poder o con la fragilidad y la belleza, todo reducido a cenizas. 

El último movimiento fue el más controvertido, coincidiendo con el punto capital de la obra, donde interviene el coro y los solistas interpretando la Oda a la alegría; de hecho durante la transición a este movimiento final la sala se empezó a llenar de humo, que sería la base para la proyección láser que siguió a continuación, este hecho propició que las toses se multiplicases, algunas mas molestas que otras dificultaron la reaparición de la música y estropearon el fraseo delicado de ciertos momentos. 

Una vez asentada la música y con la aparición tenue del tema apareció en pantalla Europa, una chica joven con la mirada fija, poco a poco y con el avance de la música fueron apareciendo personajes que convirtieron la escena en una fiesta carnal, donde todos se mezclaron entre ellos de forma explícita, aunque sin perder nunca la expresión poética de la imagen ni mostrar nada inapropiado. 

Más allá de las sensibilidades dañadas o lo explícito de la escena creo que se debería felicitar al conjunto de solistas por su espléndida intervención en este movimiento final: la soprano Marta Mathéu, la mezzo-soprano Lidia Vinyes-Curtis, el tenor David Alegret y el barítono Simon Neal, con un voz poderosa que llegó en algunos momentos a tapar a alguno de sus compañeros. Junto a ellos el Cor de cambra del Palau de la Música y el Orfeó Catalá llenaron la sala en una interpretación espectacular. 

Un servidor en pocas ocasiones ha entrado a comentar o discutir sobre la actitud del público, en cuanto a que el compromiso hacia el lector es el de introducir, relatar y quizá hacer entender un determinado concierto. Por otro lado, como melómanos y amantes del arte, debemos sincerarnos y empezar a ver que el problema en nuestras salas de concierto con respecto al público empieza a ser grave; por mucho que algo no nos pueda gustar se debería respetar lo que representa una sala de conciertos y evitar ciertas actitudes que nos retrotraen a pasados que creíamos ya superados, en algunos sentidos parece que nos hemos acomodado en el Siglo XIX, no solo en cuanto a determinados gustos si no con determinadas actitudes, sin llegar a entender, y menos respetar, lo que implica la “r-evolución” en el arte, un público que ha aprendido a toser en las pausas, o sobre aquello que considera ofensivo, al igual que ha aprendido que es lo que se debe aplaudir y que no, sin entrar a valorar la calidad artística o la intención de lo que se presenta. 

Se podría entrar a valorar y discutir sobre el hecho de utilizar la obra de Beethoven para plasmar, de forma artística y sin negar la calidad de la propuesta de Agrupación Señor Serrano, una critica social o política actual; por otro lado hace casi 200 años del estreno de la Novena, no podemos seguir pidiendo lo mismo que se buscaba en aquel momento. Beethoven fue un revolucionario que propició, mediante su música, algunos de los cambios más importantes que se produjeron en el panorama musical del Siglo XIX, gracias a estos revolucionarios la música evolucionó en muchos y variados sentidos, y quizá seria el momento oportuno para darse cuenta de que nosotros también debemos apoyar la revolución del arte.

auditori.cat

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