Pietrasanta in Concerto 2026, el lugar donde la música vuelve a nacer
(Michael Guttman)
ISRAEL DAVID MARTÍNEZ ABR. 10, 2026 (Fotos: © Bernard Rosenberg)
Pietrasanta in Concerto alcanza su vigésima edición con la autoridad silenciosa de las citas que han dejado de necesitar justificación. Entre el 21 de julio y el 2 de agosto de 2026, el festival volverá a convertir la ciudad toscana en un espacio de convergencia entre excelencia musical, belleza urbana, amistad artística y una intimidad poco frecuente en el circuito internacional. Su identidad se ha ido forjando en esa alianza difícil entre prestigio y cercanía, entre la presencia de grandes figuras y la sensación de que cada concierto sucede en un tiempo propio, apartado de la prisa exterior. En una época dominada por el gran formato impersonal, por la repetición de itinerarios y por la lógica ya exhausta de las giras, Pietrasanta propone algo más delicado y más hondo. Propone la impresión de asistir al nacimiento de la música en el mismo momento de su ejecución, cuando la obra deja de ser repertorio y vuelve a convertirse en acontecimiento.
La ciudad toscana, tantas veces descrita como una pequeña Atenas por la concentración de arte, talleres, escultores y memoria visual que la habita, encuentra en este festival una prolongación natural de su identidad. Desde el Renacimiento hasta hoy, Pietrasanta ha sido un lugar de confluencia entre oficio y visión, entre materia y forma, entre tradición y energía creadora. Pietrasanta in Concerto recoge esa herencia y la traslada al ámbito de la música de cámara, con una elegancia que rehúye toda afectación. El Chiostro di Sant’Agostino, el Duomo, la Piazza del Duomo y la Pieve romanica de Valdicastello no funcionan aquí como meros escenarios. Actúan como cajas de resonancia de una idea más amplia de cultura, una idea en la que la obra, el lugar y el público participan de una misma respiración.

(Jing Zhao)
En el centro de esta aventura se encuentra Michael Guttman, violinista, director, coleccionista y fundador del festival. Su figura explica mucho de la singularidad de Pietrasanta in Concerto. Guttman pertenece a esa estirpe de músicos cuya biografía artística atraviesa los grandes centros internacionales sin perder nunca el sentido de la reunión humana. Niño prodigio en Bruselas, discípulo de Isaac Stern, formado en Juilliard con Dorothy DeLay y el Juilliard Quartet, colaborador de nombres que van de Philip Glass a Astor Piazzolla, ha construido una trayectoria de amplísima proyección internacional en la que la excelencia instrumental convive con una rara capacidad para reunir mundos. Su violín Guarneri del Gesù de 1735, vinculado en otro tiempo a Giovanni Battista Viotti, parece resumir esa alianza entre historia viva y presencia contemporánea. Quien dirige un festival así no actúa únicamente como programador. Actúa como anfitrión de una comunidad artística, como mediador entre grandes trayectorias, jóvenes talentos y un público que desea asistir a algo más que a una simple sucesión de conciertos.

(Chiostro di Sant’Agostino)
La edición de 2026 adquiere además un carácter particularmente simbólico. Veinte años de música constituyen mucho más que una cifra redonda. Hablan de continuidad, de fidelidad a una visión, de crecimiento sin pérdida de identidad. Para celebrar ese aniversario, el festival reúne una constelación extraordinaria de intérpretes y programas que combinan repertorio central, rarezas, estrenos, pedagogía y espíritu de familia artística. Martha Argerich, Maxim Vengerov, Pierre Génisson, Andrea Griminelli, Roberto Prosseda, Jing Zhao, Denis Kozhukhin, Philippe Graffin, Kyrill Troussov, José Gallardo, el Janoska Ensemble, la Brussels Chamber Orchestra y los Cameristi del Maggio Musicale Fiorentino forman parte de una edición cuya sola enumeración ya sugiere amplitud y jerarquía. Sin embargo, la verdadera fuerza del festival no reside únicamente en la suma de sus estrellas. Procede de la calidad del tejido que las une.
La inauguración del 21 de julio, en el Chiostro di Sant’Agostino, se anuncia como una declaración de principios. La follia del Violino, en colaboración con la Casa Stradivari de Cremona, reunirá a Fabrizio von Arx, Kyrill Troussov y las cuerdas de la institución cremonesa en un programa dedicado a Geminiani, Corelli y Vivaldi. Resulta difícil imaginar una apertura más elocuente para un festival que ha hecho del canto instrumental y del diálogo entre tradición italiana y virtuosismo internacional una de sus señas más reconocibles. El mismo espacio acogerá al día siguiente Brahms Forever, con Michael Guttman y José Gallardo. La elección del repertorio brahmsiano, enriquecido por la presencia del raro F.A.E. Scherzo firmado por Brahms dentro del célebre regalo colectivo a Joachim, indica de inmediato que aquí el repertorio clásico se aborda con conocimiento y con ambición intelectual, no con automatismo.

(Martha Argerich)
El 23 de julio llegará uno de los programas más atractivos de la primera semana, un homenaje cruzado a Weber y Britten en el que se sumarán Saint-Saëns, Glazunov y el compositor israelí Oded Zehavi. Guttman, Jing Zhao, Pierre Génisson y la Brussels Chamber Orchestra ofrecerán en esa velada una síntesis muy reveladora del espíritu del festival, memoria, curiosidad, virtuosismo y convivencia entre lenguajes. La presencia estable de la Brussels Chamber Orchestra refuerza, además, la continuidad sonora de la cita y le da a su programación un eje de residencia que hoy resulta especialmente valioso.
El 24 de julio se producirá el esperado regreso de Maxim Vengerov junto a Sergio Tiempo para clausurar el ciclo de sonatas para violín de Beethoven que ambos vienen desarrollando en Pietrasanta. Hay en este concierto algo más que una cita de prestigio. Hay también un sentido de proceso, de relato musical prolongado en el tiempo, que confiere al festival una densidad inhabitual. Vengerov, figura de referencia absoluta del violín contemporáneo, y Tiempo, pianista de una sensibilidad intensa y singular, aportarán a la programación una cima beethoveniana que muchos melómanos señalarán con justicia entre los momentos esenciales del verano europeo.
La noche del 25 de julio, bajo el título Mamma mia, what a Feast!, ofrecerá otra de las claves del proyecto. Pietrasanta in Concerto sabe reunir intérpretes de procedencias muy distintas en combinaciones que difícilmente podrían darse fuera de este contexto de confianza y amistad artística. Pavel Vernikov, Svetlana Makarova, Pierre-Henri Xuereb, Alessandra Ammara, Roberto Prosseda, Dionysis Grammenos y la Brussels Chamber Orchestra recorrerán un programa donde Rossini y Mendelssohn dialogarán con Joaquín Turina. Esa capacidad para combinar brillo, inteligencia y sabor mediterráneo ofrece una muestra especialmente clara del carácter del festival, que nunca separa la alta cultura de la alegría musical.

(Piazza del Duomo)
El 26 de julio, en la Piazza del Duomo, llegará La Storia del Festival, concierto gratuito que tiene algo de celebración pública y algo de memoria compartida. Andrea Griminelli, Maria Solozobova, Michael Guttman, Jing Zhao y la Brussels Chamber Orchestra revisitarán un repertorio amplísimo, de Piazzolla a Morricone, de Paganini a Prokófiev. El gesto importa. Un festival verdaderamente vivo sabe salir al espacio común de la ciudad, sabe ofrecer una fiesta abierta, sabe devolver a la comunidad parte de lo que la comunidad le ha permitido construir durante dos décadas.
La dimensión pedagógica ocupa también un lugar esencial. Los días 27 y 28 de julio estarán dedicados a los conciertos de jóvenes talentos procedentes de las clases magistrales de violín, viola y violonchelo. La Pieve dei Santi Giovanni e Felicita en Valdicastello, lugar de extraordinaria belleza y hondura histórica, será el marco para escuchar a los virtuosos del mañana. Ese vínculo entre figuras consagradas y estudiantes llegados de diversos conservatorios del mundo, con una presencia creciente de jóvenes músicos chinos, da al festival una proyección que trasciende el simple lucimiento y se adentra en el terreno de la transmisión. La cultura musical sobrevive gracias a la continuidad de esos relevos y Pietrasanta los cultiva con una seriedad ejemplar.
El 28 de julio, ya de vuelta en el corazón de la ciudad, la Piazza del Duomo recibirá al Janoska Ensemble. Su presencia añade al festival un perfil especialmente actual, abierto a la improvisación, al mestizaje estilístico y a una vitalidad escénica que ha conquistado públicos de todo el mundo. El conjunto, formado por músicos unidos por vínculos de sangre y por una historia compartida de respiración común, representa de manera casi simbólica uno de los grandes temas de esta edición, la familia artística entendida como fuente de creación.
La segunda mitad del festival mantendrá un nivel extraordinario. El 29 de julio, Mendelssohn’s Paradise reunirá a Guttman, Jing Zhao, Alexander Chaushian y Denis Kozhukhin en un programa dedicado al compositor predilecto del director artístico. El día 30, Roots and Discoveries ofrecerá uno de los grandes acontecimientos de la edición con el estreno mundial del Concerto for Two Violins de Yehudi Menuhin, acompañado de Bach, Ravel, Avner Dorman y Bloch, en una velada donde Philippe Graffin y Patricia Kachkalyan Gomes se unirán a Guttman y a la orquesta residente. Programar un estreno de ese alcance dentro de un marco de repertorio tan cuidadosamente escogido habla de una inteligencia de largo alcance y de una confianza plena en el gusto de su público.

(Maxim Vengerov)
El 31 de julio, I Maestri del Classico permitirá escuchar a los Cameristi del Maggio Musicale Fiorentino junto a Jing Zhao, David Chen Sverdlov, Michael Guttman y Lyda Chen-Argerich en Schubert, Haydn y Beethoven. Esa velada actuará, además, como umbral hacia las dos noches finales protagonizadas por Martha Argerich y su círculo artístico y afectivo. El 1 de agosto, la sesión matinal de los alumnos de la clase magistral de violonchelo abrirá paso por la noche a Martha Argerich and Friends, con la gran pianista acompañada por Lyda Chen-Argerich, Akane Sakai, Gabriele Baldocci, Jing Zhao y Michael Guttman. El 2 de agosto, el gran final sumará a Julian Kainrath y llevará el festival a su culminación con obras de Ravel, Schumann y Lutosławski. Pocas cosas pueden resumir mejor el espíritu de Pietrasanta in Concerto que esta clausura sostenida por la energía irrepetible de Argerich, artista total cuya sola presencia basta para convertir un concierto en acontecimiento.
Quien piense en asistir al festival encontrará en esta edición mucho más que un programa de verano. Encontrará una experiencia de inmersión en una comunidad musical de altísimo nivel, un diálogo continuo entre patrimonio y presente, una lección de cómo la excelencia puede convivir con la cercanía y la informal elegancia. Encontrará también una Toscana distinta, menos entregada al tópico y más abierta a la vibración profunda de los lugares donde el arte todavía organiza la vida.
En este 2026, además, Press-Music volverá a cubrir íntegramente el festival. Lo hará con la convicción de que Pietrasanta in Concerto merece ser contado desde dentro y con la atención sostenida que requieren las grandes citas. A lo largo de todos los días del certamen se publicarán reseñas diarias y habrá conexiones también diarias para hacer llegar cuanto ocurra en Pietrasanta a cualquier parte del planeta. Esa presencia continuada permitirá acompañar el pulso del festival desde la primera hasta la última noche, ofreciendo a nuestros lectores no solo información, sino una verdadera crónica viva de su atmósfera, de sus hallazgos y de sus momentos irrepetibles.
Pietrasanta in Concerto celebra veinte años y lo hace con la autoridad serena de quien sabe lo que ha construido. Hay en esta edición una conciencia clara del camino recorrido y, al mismo tiempo, un impulso de renovación que evita cualquier tentación conmemorativa vacía. Cada velada parece pensada para recordar que la música de cámara, cuando se la coloca en el contexto adecuado y se la sirve con artistas de este nivel, sigue siendo una de las formas más altas de la conversación humana. Viajar a Pietrasanta este verano equivaldrá a entrar en ese diálogo. Y salir de él, muy probablemente, con la sensación de haber participado en algo raro, verdadero y necesario.

