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Razón Sin Poder: Inútil. Poder Sin Razón: Peligroso

Razón sin poder: inútil. Poder sin razón: peligroso

JOSÉ MARÍA GÁLVEZ     FEB. 19, 2025 (Fotos: ©Javier Del Real)

Y bien que lo sabemos aunque periódicamente nuestra especie sufra amnesia y olvide sus consecuencias. Estas palabras salen de la boca del Doctor Thomas Stockmann, protagonista de Un enemigo del pueblo, obra teatral de 1882 del dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906), a la vez origen del libreto de Àlex Rigola para la ópera Enemigo del pueblo del compositor valenciano Francisco Coll García (1985), que fue estrenada el pasado mes de noviembre en el Palau de les Arts de Valencia con el mismo elenco solista que lo hace estos días en el Teatro Real.

Enemigo del pueblo es la segunda ópera del recién galardonado Premio Nacional de Música 2025 y se presenta en el Coliseo madrileño en coproducción de este Teatro con el Palau de les Arts Reina Sofía, artífices ambos teatros del encargo realizado al compositor.

Libretista y director de escena

Encargo realizado al compositor y como libretista el dramaturgo Àlex Rigola, también director de escena. Como libretista ha conservado el tronco dramático del original, siendo una útil herramienta para la puesta en música, a pesar de cierta disociación momentánea en algún pasaje. Como director de escena pide a los cantantes unas exigencias quizás más relajadas que las que plantea la propia música, que es, en definitiva, la que pone límites. La escenografía consiste en unas especie de dunas fijas, suspendidas, con un cielo y luz que va desde el mundo del René Magritte onírico al asfixiante y torturado de Edvard Munch, que gracias a la iluminación de Carlos Marquerie consigue dinamizar el marco algo insípido propuesto. Donde todos los escenarios confluyen en las presuntas dunas, sin que nunca sean dunas.

Stockmann. El peligroso conocimiento

A estas alturas todo el que no se informe por tik-tok sabe cuál es el argumento del drama de Ibsen, y el que se informe por tik-tok estaría de acuerdo con que el Doctor Stockmann es un enemigo peligroso del pueblo soberano. Y en última instancia alguien con intereses opuestos al patriota, pues sus medidas harían disminuir la riqueza cortoplacista que mueve la rueda de la avaricia de los ciegos que siguen al flautista. Argumento que, más de 140 años después de nacer, se ha hecho carne y en forma de seductor violento del dinero libertino, acusa de enemigos del pueblo a todos aquellos que se opongan o critiquen la salida de todo tratado nacional e internacional medioambiental, aunque no sean los únicos de los que salen y abandonan.

La ópera de Coll, su argumento, es de rabiosa actualidad, casi enfermiza y enferma la coincidencia con la vida actual construida en el engaño y el timo, que de unos años a esta parte se esconde tras el vocablo de posverdad, que no es otra cosa que la corrupción del lenguaje que Eric Arthur Blair (1903-1950), mejor conocido por el nombre de George Orwell, ya nos dejó en varios ensayos de la década de los cuarenta del siglo pasado. Ese mundo de demagogos en el que se mueve a las masas para que crean que por qué ellos van a ser menos que Johannes Kepler aunque opinen lo contrario sin ningún fundamento científico. Masas informes de mentes vacuas que justifican que Miguel Servet ardiese por listo.

Muchos y diversos han sido los Stockmann de la historia y siempre se ha llegado tarde en su reconocimiento. Antes se ha adulado y seguido al poder sin razón, que a la razón sin poder, lo cual tiene una sola consecuencia, y no es la esperanza que, tanto la propia hija del protagonista, Petra, como su padre, guardan serena y utópicamente como desenlace del drama.

La música de Coll es arrolladora desde el pasodoble orquestal con el que se abre la ópera hasta el éxtasis lírico del dúo final. Las múltiples referencias a músicas de raíz popular pueden tener varias razones y sin saber exactamente a cuáles responde en cada aparición, lo que sí puede afirmarse es que el compositor valenciano maneja con ritmo en la narrativa musical las secuencias y su estructura, funcionando todo como un ente orgánico que se justifica en sí mismo. Como maneja con soltura el entramado entre un lenguaje actual, heredero de nuestro siglo XX, y un lenguaje popular al que traspone de nivel y exige saber escuchar.

Sustitución de última hora

La soberbia interpretación estuvo a cargo del director de orqueta Christian Karlsen, colaborador en sus inicios de Karlheinz Stockhausen (1928-2007), y con un bagaje verdaderamente encomiable. Inicialmente era el autor quien iba a dirigir musicalmente estas funciones, pero por enfermedad, de la que se le desea la mejor y rápida recuperación, ha sido sustituido por el maestro sueco, llevando a la orquesta a una interpretación colorista, brillante, a la par que oscura y dramática. Sabiendo equilibrar la detallista escritura del compositor valenciano.

Esta segunda ópera de Coll, en lo vocal, se apoya en 5 voces solistas y un coro, con una escritura poco complaciente y salteada de exigencias de carácter y dinámicas nada gratuitas, por lo que la corrección, como poco, en su ejecución es decisiva.

El personaje del Doctor Stockmann es el protagonista en el drama de Ibsen y aquí le da vida el barítono murciano José Antonio López que escénicamente transmite los valores del Doctor en la primera parte, sus principios, así como la crispación, tristeza y desesperación de ser nombrado enemigo del pueblo en la segunda. Vocalmente no desmerece respecto a su actuación teatral. De voz limpia, con una proyección cómoda nos ofrece una interpretación tensa, pero racional, dentro de los vaivenes de su personaje, donde se acaba imponiendo lo reflexivo y sereno. Su opuesto es su hermano, el alcalde, el populista poderoso que deja que los intereses económicos, sobre todo de los que ya tienen todo, incluido el manejo de los que nunca tendrán más de lo que ellos decidan, sea el motor de sus decisiones, sea el poder sin razón científica, contraria a la económica, el que cautive a la ciudadanía, haciendo que el peligro se instaure en la misma. Las complexiones vocales caracterizan a la perfección el papel del alcalde corrupto, a las que el tenor granadino Moisés Marín, da fiel lectura con especial acierto en los diabólicos agudos de su línea vocal y en los opacos y desgastados arrastres en los fragmentos que ridiculiza a su hermano y, por ende, a la ciencia. A ello acompaña una estudiada escenificación del personaje. Junto a ellos Petra, hija de Stockmann y roca segura de las convicciones de su padre, como su propio nombre augura. A cargo de la soprano norteamericana Brenda Rae, destaca su interpretación por su voz torneada y dulce, sin esquivar unos agudos perfectamente entonados y no faltos de carácter, y hacer gala de un fiato cuidadosamente cultivado. Ofreciendo escenas de un lirismo tan bello como desolador como en el dúo final con su padre. Jalonan a los anteriores el periodista Mario y la empresaria Marta, ambos son objeto de un progresivo desenmascaramiento de sus más íntimos intereses. De sus intereses creados, como diría el insigne dramaturgo madrileño Jacinto Benavente (1866-1954). Mario, propietario del periódico local, disfraza su sumisión al poder con la crítica sin recorrido al alcalde y sus políticas, de las que en cambio se beneficia al querer ser nombrado Secretario del Ayuntamiento. Críticas que desaparecen y se tornan defensa cerrada de la continuidad del balneario con las aguas contaminadas ante el colapso económico que, según ese alcalde demagogo, sería inevitable si se supiese la verdad. Isaac Galán, barítono maño de una línea de canto segura y firme, no cayó en la primera parte en lirismos innecesarios, ni en la segunda en histrionismos fáciles, dando un carácter más desganado, pero igualmente áspero, cuando deja caer su careta con una mezcla de vergüenza, sin arrepentimiento, y de orgullo por defender a su pueblo y sus intereses. La empresaria Marta la defiende, vocal y escénicamente, su tocaya Marta Fontanals-Simmon, soprano hispano-británica que sigue creciendo tras las apariciones en diversos papeles en temporadas pasadas, siempre con un muy buen resultado. Como el resto de sus compañeros su lectura es convincente y sabe empapar a su personaje de la falsa Marta inicial, hasta la más cínica de las ciudadanas al erigirse moderadora de un debate inexistente y condenar al Doctor Stockmann, a ser enemigo del pueblo por su alarmismo. Alarmismo que debería penetrar en nuestras conciencias al estar hoy en día más cerca que cuando Ibsen lo trasladaba al papel. El personaje mudo del abuelo de Petra está interpretado por el actor Juan Goberna y, aunque sirve de apoyo al discurrir del texto, su aportación es más bien sosa y falta de carácter.

En resumen, feliz reposición de Enemigo del pueblo, que aunque aquí sea un científico que alerta de la emergencia sanitaria, siempre es una persona a la que su clarividencia racional lleva a manifestar los abusos del poder ególatra y mercantilista. Peligroso y sin vuelta atrás.

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