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Serena Sáenz Y Vespres D’Arnadí Hacen Volar Al Palau

Serena Sáenz y Vespres d’Arnadí hacen volar al Palau

CLARA RUÍZ     JUL. 8, 2025 (Fotos: ©A. Bofill)

El Palau de la Música Catalana nos devolvió ayer a la más pura esencia barroca en un concierto donde Vivaldi, Rameau y Händel despertaron de nuevo a través de un concierto de arias de ópera y piezas instrumentales. Como protagonistas de esta maravillosa hazaña, la soprano Serenza Sáenz y el conjunto barroco Vespres d’Arnadí, bajo la dirección de Dani Espasa. Juntos lograron profundizar en la belleza y la exuberancia emocional que caracteriza la música barroca, un hito enmarcado en el ciclo Palau Grans Veus, centrado en las voces líricas más relevantes de la actualidad.

La señal de salida la dio Espasa con la obra Simfonia de Dorilla in Tempe de Vivaldi, demostrando tanto su maestría en la dirección orquestal como la impecable interpretación que posee del clavicémbalo. No obstante, el estrellato fue abrumadoramente robado por Serena Sáenz pocos instantes después. Irrumpió en el escenario defendiendo el aria Sposa son disprezzata, de Bajazet; un inicio tímido en sus más bajos registros y plácido en los medios; pero que sirvió como contexto para sorprender a continuación con Alma oppressa de La fida ninfa. Esta fue, sin duda, su consagración como virtuosa, con una ejecución inigualable y excelente control del vibrato y la emisión, cualidades que marcaron su interpretación para el resto de la velada. 

Espasa devolvió el protagonismo a su conjunto con una exquisita ejecución de diferentes obras de Rameau, abriéndose paso con un ritmo fuerte y ceremonial para después abrazar al público en un aire ligero y suave con Air des incas pour la dévotion du soleil y Adoration du soleil, de Les indes galantes. Con la pieza Air pour les sauvages de la misma suite mostró su exactitud y potencia militar, dando especial protagonismo a los violines y contrabajos en un discurso de victoria interpretativa.

Sáenz acompañó al conjunto de nuevo para dialogar con el ruiseñor de viento de la orquesta en Rossignols amoureux, de Hyppolyte et Aricie, adoptando un toque más infantil y carismático que llevó al máximo esplendor en Formons le plus brillants Concerts… Aux langueurs d’Apollon de Platée. Por si aún quedaban espectadores reticentes, la cantante acabó de ganarlos con esta pieza, logrando eximirse en el podio del humor y el expresionismo además de mantener una técnica intacta, despertando asombro y diversión en el público.

La segunda parte del concierto fue un recordatorio de Händel. Una oda más dócil y suave que las obras antecesoras, donde Sáenz y Vespres d’Arnadí se tendieron la mano en un sentido y ya apreciablemente exigente Piangerò la sorte mia, que cedió el retenido y apacible final a Da tempeste il legno infranto, las dos obras de Giulio Cesare. Con un control indiscutible, la soprano y Espasa despidieron la velada, recibiendo una más que merecida ovación que se prolongó varios minutos, recordando a ecos la excelencia vivida en esta noche barroca del Palau.

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