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La Tradición Reinventada En La Piazza Del Duomo

La tradición reinventada en la Piazza del Duomo

ISRAEL DAVID MARTÍNEZ     JUL. 29, 2026 (Fotos: ©Bernard Rosenberg)

La segunda cita gratuita de Pietrasanta in Concerto, celebrada el pasado 28 de julio en la Piazza del Duomo, puso de manifiesto una de las señas de identidad más valiosas del festival: la capacidad de presentar la música como un organismo vivo, capaz de integrar formación, excelencia interpretativa y creatividad en un mismo discurso. Lo que comenzó como una exhibición del trabajo pedagógico desarrollado durante las clases magistrales terminó convirtiéndose en una celebración de la libertad interpretativa entendida como la forma más elevada del conocimiento musical.

La velada se abrió con la participación de los violonchelistas inscritos en las master class dirigidas por Jing Zhao, quienes interpretaron una versión para conjunto de violonchelos del célebre «Va, pensiero», coro de Nabucco de Giuseppe Verdi. La intervención permitió apreciar no solo el rigor del trabajo técnico desarrollado durante las clases magistrales, sino también la capacidad de los jóvenes intérpretes para construir un discurso colectivo basado en la escucha mutua, el equilibrio tímbrico y la respiración compartida. El escenario se convirtió así en la prolongación natural del proceso pedagógico que constituye uno de los pilares esenciales de Pietrasanta in Concerto.

El relevo correspondió al pianista Eric Himy, cuya interpretación de su propia transcripción de la Danza ritual del fuego, extraída de El amor brujo de Manuel de Falla, supuso uno de los momentos de mayor concentración artística de la noche. Más que una simple reducción pianística de la partitura orquestal, el arreglo constituye una auténtica recreación de la obra, plenamente idiomática para el teclado. Himy desplegó una extraordinaria claridad de articulación, un dominio absoluto de las texturas y una administración magistral de las tensiones rítmicas, preservando la energía primitiva que vertebra la composición sin renunciar a una sofisticación pianística de gran refinamiento. La escritura percusiva del instrumento, la riqueza tímbrica conseguida mediante el uso del pedal y la precisión de los planos sonoros permitieron que la célebre danza emergiera con una intensidad casi hipnótica.

A partir de ese momento, el protagonismo pasó al Janoska Ensemble, cuya presencia confirmó por qué ocupa hoy un lugar singular dentro del panorama internacional. Integrado por Roman Janoska y František Janoska, violines; Ondrej Janoska, piano; y Julius Darvas, contrabajo, el conjunto ha desarrollado un lenguaje propio que desborda las convenciones estilísticas sin perder nunca el contacto con ellas. Lo que ellos mismos denominan Janoska Style no consiste en una simple sucesión de arreglos brillantes, sino en un sofisticado proceso de relectura donde la improvisación, la tradición centroeuropea, el jazz, los ritmos latinoamericanos y la escritura clásica conviven dentro de una arquitectura perfectamente construida.

A lo largo del concierto fueron apareciendo Beethoven, Copland, Bizet o Paul McCartney, entre otros, pero cada una de estas músicas adquirió una nueva identidad sin perder su esencia. Las referencias originales permanecían siempre reconocibles, aunque sometidas a continuas transformaciones armónicas, rítmicas y contrapuntísticas que evidenciaban un conocimiento profundo de los materiales. Lejos de buscar el efecto fácil, el cuarteto construyó un discurso donde el virtuosismo jamás fue un fin en sí mismo, sino la consecuencia natural de una imaginación musical desbordante. El diálogo permanente entre los instrumentos, la precisión casi telepática de los cambios de carácter y una flexibilidad rítmica extraordinaria sostuvieron una interpretación en la que la espontaneidad parecía surgir de una disciplina colectiva impecable.

Resulta especialmente admirable la naturalidad con la que el Janoska Ensemble diluye unas fronteras estilísticas que durante décadas parecieron inamovibles. Su propuesta no pretende acercar la música clásica a nuevos públicos mediante concesiones superficiales; parte, por el contrario, de un conocimiento profundo de la tradición para demostrar que el repertorio continúa ofreciendo posibilidades inagotables de reinterpretación cuando se aborda con inteligencia, imaginación y una técnica fuera de toda discusión.

Pietrasanta asistió así a uno de los acontecimientos musicales más significativos de la presente edición. La respuesta entusiasta del público confirmó el extraordinario poder comunicativo de una formación que continúa ampliando los límites de su propio lenguaje artístico. Haber incorporado al Janoska Ensemble al festival constituye, sin duda, uno de los grandes aciertos de Michael Guttman, cuya visión programática vuelve a situar a Pietrasanta in Concerto entre aquellos festivales europeos capaces de conjugar excelencia interpretativa, personalidad artística y una permanente voluntad de renovación.

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