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David Khrikuli, El Horizonte De Chopin

David Khrikuli, el horizonte de Chopin

ISRAEL DAVID MARTÍNEZ     OCT. 30, 2026

El Concierto para piano n.º 1 en mi menor de Frédéric Chopin centró buena parte del interés de una velada de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya, dirigida por Cristian Măcelaru, en la que David Khrikuli asumió el protagonismo solista. El programa, completado con El Moldava de Smetana y la Tercera sinfonía de Rajmáninov, encontraba en el pianista georgiano su personalidad más interesante.

Nacido en 2001, Khrikuli pertenece a una generación de intérpretes que empieza a ocupar un lugar significativo en el panorama pianístico internacional. Su trayectoria ya reúne distinciones de especial relevancia, entre ellas el primer premio del Concurso Internacional de Piano y Orquesta de Cantù y el primer premio, junto al premio del público, del Concurso de Vigo, ambos en 2024. Su condición de finalista del Concurso Internacional Chopin de Varsovia de 2025 ha reforzado una proyección que merece particular atención. Formado en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid con Galina Eguiazarova y Stanislav Ioudenitch, su desarrollo artístico combina una sólida preparación técnica con una creciente madurez interpretativa.

En Chopin encontró un territorio especialmente propicio para mostrar sus cualidades. La brillantez de los pasajes virtuosísticos, el control del sonido y la capacidad para distinguir las distintas voces de la escritura pianística permitieron apreciar una lectura de notable solvencia. El Larghetto, corazón lírico de la obra, exige una sensibilidad capaz de sostener la tensión sin sacrificar la transparencia, mientras que el Rondo. Vivace reclama agilidad, articulación y sentido del ritmo. Khrikuli mostró precisamente esa combinación de recursos, haciendo del virtuosismo un instrumento al servicio del discurso musical.

Una cuestión merece, sin embargo, una observación reiterada. La incorrecta ubicación de los violonchelos continúa siendo un lastre para el sonido general de la cuerda. Deberían ocupar la zona central de la formación, donde su sonido alcanzaría al público con mayor claridad, precisión y fuerza. Es una disposición que lleva tiempo reclamando una revisión y que, inexplicablemente, continúa sin corregirse. La arquitectura sonora de la orquesta también depende de estas decisiones.

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