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Tchaikovsky Y El Fulgor Del Piano

Tchaikovsky y el fulgor del piano

ISRAEL DAVID MARTÍNEZ     OCT. 19, 2026 (Fotos: Martí E. Escuder / FSF)

El Palau de la Música Catalana acogió el pasado 18 de octubre una nueva colaboración entre la pianista Yulianna Avdeeva, la Franz Schubert Filharmonia y el director Gabriel Bebeșelea, con el Primer concierto para piano y orquesta de Piotr Ilich Tchaikovsky como eje de una velada que encontró en la solista a su intérprete más destacada.

La partitura, una de las cumbres del repertorio romántico, plantea un desafío que trasciende la exhibición técnica. Su monumental introducción, con los acordes pianísticos desplegados sobre la amplitud orquestal, exige establecer desde el comienzo una relación equilibrada entre la potencia sonora y la construcción del discurso. Avdeeva respondió con seguridad, dominio instrumental y una articulación que permitió apreciar la riqueza de la escritura sin reducirla a su dimensión espectacular. Su intervención aportó el relieve y la personalidad que sostuvieron el interés de la interpretación, especialmente en los pasajes de mayor exigencia virtuosística.

El primer movimiento encontró en ella una pianista capaz de alternar contundencia y precisión, mientras que el Andantino semplice ofreció un espacio para atender al lirismo de la partitura y a sus delicados cambios de atmósfera. En el Allegro con fuoco, la energía rítmica y el impulso hacia la conclusión encontraron una resolución solvente. La lectura resultó sólida y correcta, con Avdeeva por encima de un conjunto que, aun respondiendo adecuadamente, habría ganado con una mayor definición de los planos orquestales.

La disposición de la cuerda merece una consideración específica. Los violonchelos deberían ocupar una posición más central dentro de esta sección, que favorezca su integración en el tejido sonoro y su diálogo con las demás familias. Más problemática resultó la ubicación de los contrabajos detrás de los metales. En semejante disposición, su sonido pierde proyección y presencia, con consecuencias perceptibles para el equilibrio del conjunto. La parte grave de la cuerda necesita espacio acústico para sostener la arquitectura armónica y rítmica; relegarla compromete la profundidad y la plenitud del resultado.

La segunda parte, dedicada a Richard Strauss, completó el programa con Don Juan y Till Eulenspiegels lustige Streiche. Sin embargo, fue el concierto de Tchaikovsky el que ofreció el principal foco de interés, gracias a una Yulianna Avdeeva de notable solvencia y a una interpretación que, con algunos ajustes en el equilibrio orquestal, habría podido alcanzar mayor relieve.

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