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Coppélia De La Scala Se Despide Por Todo Lo Alto

Coppélia de la Scala se despide por todo lo alto

CARLOS GARCIA RECHE     ENE. 13, 2024 (Fotos: ©Brescia e Amisano)

A mitad de enero han tenido lugar las últimas danzas de Coppélia, la última gran producción de ballet de la Scala de Milán. Desde mediados de diciembre, el histórico teatro ha sido la sede de la nueva producción propia, suscrita por el coreógrafo Alexei Ratmansky, uno de los nombres más prestigiosos de la escena del ballet internacional, y que ha contado con la batuta del maestro Paul Connelly para dar vida a la partitura de Léo Delibes durante estas diez representaciones. La célebre compañía Corpo di Ballo del Teatro alla Scala ha sido la encargada de animar las autómatas de Charles-Louis Nuitter, libretista del ballet estrenado en 1870.

Llena hasta la bandera estuvo El templo de la lírica la tarde del trece de enero que ocupó la última de las representaciones de esta producción, y de la que trata la presente crítica. Una gran asistencia avalaba el hecho aparente de que el público milanés muestra gran simpatía por las apuestas tradicionales, en contraste quizá con otros públicos y otras producciones –especialmente operísticas– que a veces parecen resultar más atractivas cuanto más polémicas o revisionistas son. A pesar de que Coppélia suela ser un ballet que históricamente se represente a lo “tradicional”, vale la pena volverse a preguntar el porqué de algunas obsesiones con “modernizar” según qué obras.

Sea como sea, la escenografía, a cargo de Franco Malgrande y el vestuario de Jérôme Kaplan, han buscado inspiración en un folklore ucraniano realista, sin pomposidad y evitado la apariencia de “cuento de hadas” de otras Coppélias, otorgando a esta, la trigésima representación en el coliseo lombardo, un bucolismo gentil con un ligero toque oscuro sobre Copplélius y sobre algunos relieves del decorado. La función que nos ocupa contó con el dúo estrella de la Scala: Martina Arduino como Swanilda y Marco Agostino como Franz. Ambos firmaron momentos memorables, sobre todo en los dos primeros tercios, y especialmente en los duetos, en los que plasmaron la química efectiva –y afectiva– que la pareja mantiene fuera y dentro de los escenarios.

El primer acto abrió telón tras el preludio musical y los protagonistas habitaron la acogedora aldea, con su taberna, y por supuesto, el taller de Coppélius y su famoso balcón. El jugueteo de Franz y Swanilda pronto arrancó las primeras sonrisas en el público tras los solos de presentación. La mazurka coral resultó entretenida, aunque fue superada por la espectacularidad de las czardas en parejas y sus incansables sautés. El Coppélius de Massimo Garon se mostró correcto en su rol, expresivo y convincente en lo teatral, si bien con poco margen de lucimiento escénico en comparación con sus colegas bailarines, especialmente el grupo de cuatro amigos de Franz, que resultó entrañable.

Ya en el misterioso taller, el nudo del segundo acto se enredó con misterio y humor bajo un attrezzo muy logrado y el compromiso “estático” de las autómatas, subrayando su memorable despertar gracias a otra destacable sincronía entre bailarines y la Orquesta del Teatro alla Scala. Las seis amiche de Swanilda tuvieron aquí uno de sus momentos más entrañables y divertidos de todo el ballet. Gustó al público la complicidad entre Franz y Coppélius mientras Swanilda subía el listón una vez ya en el cuerpo de Coppélia, encadenando solos muy inspirados y poniendo a prueba las puntas de sus pies en ese coqueteo platónico con su creador.

En el tercer acto, con gran parte de éste dedicado a los divertissements, llegaron todo tipo de sorpresas y personajes que se sumaron a la fiesta final, la boda de Franz y Swanilda. El hipnótico Vals de las horas, con ese colorido y fantasioso vestuario fue de lo mejor del último tercio, que poco a poco iba tomando la forma de “concurso de danza”. Destacó también una de lasbailarinas con vestido anaranjado y aire de ninfa, tan virtuosa en cada jeté que parecía flotar con ingravidez. Su contraparte masculina, un mozo de vestido de azul claro habría sido un claro candidato a ganar dicho concurso. Una de las sorpresas de esta entrée nupcial fue sin duda el bailarín “pirata”, de pañuelo naranja y pantalón rojo, personaje quizá inesperado que justificó su aparición con su virtuosismo y su grácil silueta. Los más jóvenes también tuvieron sus minutos para bendecir la unión de la pareja protagonista y se sumaron a este toma y daca de aplausos y pirouettes. Como colofón, la primera viola acompañó a Franz y Swanilda en uno de los números finales y todos los conjuntos procedieron a desfilar, cerrando así la última gran producción de ballet del gran Teatro alla Scala; éxito rotundo en un 2024 que pone el listón bien alto en el panorama europeo.

teatroallascala.org

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