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Viento Y Precisión En Torroella

Viento y precisión en Torroella


ISRAEL DAVID MARTÍNEZ     AGO. 9, 2025 (Fotos: Roger Lleixà)

El Auditori Espai Ter presentó el 8 de agosto una velada que confirmó la pujanza de la cuerda de viento en la escena camerística catalana. El SenArts Wind Quintet, galardonado con el Premio BBVA de Música de Cámara Montserrat Alavedra, ofreció un programa pensado con sensibilidad histórica y criterio pedagógico, capaz de mostrar tanto la filigrana tímbrica como la potencia argumental del quinteto de viento. Formado por Carles Chordà en la trompa, Nieves Aliaño en la flauta, Clara Caminas en el fagot, Lluís Casanova en el clarinete y Pau Roca en el oboe, el grupo desplegó una afinidad sonora que fue creciendo a lo largo de la noche hasta alcanzar un nivel de precisión y profundidad verdaderamente notable.

La apertura con el ‘Andante para corno inglés n.º 2 en Fa mayor’ de Anton Reicha presentó una página de lirismo clásico, en la que la línea solista emergía como un filamento expresivo sostenido por un acompañamiento discreto pero atento. La articulación del fraseo y la gestión del legato marcaron desde el primer instante una voluntad de cuidado ensemble que sería la seña de la velada. Reicha, compositor a menudo olvidado en los circuitos principales, apareció aquí como un artesano de la claridad melodicorítmica, y la lectura del quinteto captó esa sencillez trabajada con honestidad.

El ‘Quinteto para viento Op. 43’ de Carl Nielsen trazó luego retos de equilibrio y de color que el grupo resolvió con creciente intencionalidad. Las transiciones entre pasajes líricos y episodios más incisivos exigían una respiración y pulso común que el quinteto fue encontrando con evidencia. La escritura nórdica, con su mezcla de ironía y gravedad, pidió una plasticidad sonora que los intérpretes supieron conferir mediante un fraseo atento a los vínculos contrapuntísticos y a la dinámica interna de cada sección.

La segunda parte elevó la noche hacia una redondez que la primera había sugerido pero no culminado. Las ‘Trois pièces brèves’ de Jacques Ibert ofrecieron espacios de color y de virtuosismo puntual, pequeñas joyas de carácter que los músicos resolvieron con elegancia y brillo tímbrico. Y finalmente la ‘Pequeña música de cámara Op. 24’ de Paul Hindemith se erigió en el clímax estético. Allí quedó de manifiesto no solo la capacidad técnica de los intérpretes, todos jóvenes y poseedores de un notable virtuosismo, sino sobre todo su madurez en el trabajo del discurso. El contrapunto hindemithiano fue desmenuzado con exactitud, las líneas se entrelazaron con una coherencia rítmica admirable y la articulación mostró una comprensión profunda de la arquitectura interna de la obra. Fue una interpretación consistente, fruto de ensayos íntimos y de un concepto compartido.

Al término del concierto, en un breve intercambio con Montse Faura, directora del Festival de Torroella, se deslizaron consideraciones sobre el porvenir de la cita que, más que delinear un plan preciso, evocaban un horizonte de posibilidades extraordinarias. Sus palabras, cuidadosas en la forma y ricas en matices, dejaban entrever una voluntad de preservar la singularidad y el impulso creador del festival, manteniéndolo como un territorio abierto a la exploración y a la renovación constante.

La velada del SenArts Wind Quintet dejó la impresión de un grupo en proceso de afirmación, capaz de transformar la brillantez juvenil en discurso musical sólido. En espacios como el Espai Ter, donde la cercanía con el oyente favorece la escucha atenta, el viento demuestra que su repertorio puede ofrecer tanto la ligereza tonal como la hondura intelectual. Fue, en suma, una lección de madurez y una promesa para el futuro del ensemble.

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