Loewe Stellar, cuando el diseño se convierte en precisión
ISRAEL DAVID MARTÍNEZ DIC. 12, 2025 (fotos: ©press-music)
El Loewe stellar 65 dr plus llega al banco de pruebas con una carta de presentación poco habitual incluso en la gama alta. Fabricado en Kronach, con diseño artesanal y un posicionamiento claramente orientado al lujo tecnológico, este modelo se sitúa en la intersección entre televisor de referencia y objeto industrial de autor. El premio EISA como Premium OLED TV para la temporada 2025–2026 no es un simple argumento comercial, sino el síntoma de que nos encontramos ante un producto concebido para competir en un territorio donde la diferencia se mide en matices. La cuestión que se planteaba en el laboratorio de Press-Music era sencilla en su planteamiento y compleja en su respuesta. Hasta qué punto ese discurso se sostiene cuando la pantalla se enfrenta a patrones de medida, a secuencias críticas y a un uso prolongado lejos de la narrativa de catálogo.

El panel W OLED open cell de última generación con tecnología META 3 punto 0 se apoya en una base de hardware firmada por LG Display, pero la intervención de Loewe es profunda. Los módulos se diseñan, desarrollan y precalibran en la propia fábrica, y esa fase de ajuste se percibe desde el primer encendido. En el modo más cinematográfico de fábrica, la escala de grises presenta una linealidad notable y el punto de blanco se aproxima con naturalidad a D sesenta y cinco. La gestión del color en espacio DCI P3 se sitúa en márgenes de error que se corresponden con lo que cabe exigir a un monitor de visionado crítico, no a un simple televisor doméstico. Tras una calibración en dos puntos y un trabajo fino sobre el sistema de gestión de color, el stellar 65 dr plus responde con docilidad, sin giros bruscos ni artefactos derivados del procesado.
En HDR el comportamiento confirma que no estamos ante un OLED convencional. El panel con META 3 punto 0 alcanza picos de luminancia que superan de forma holgada lo que la mayoría de pantallas auto emisivas ofrecen hoy en el mercado. Más allá de la cifra bruta, lo relevante es cómo se sostiene ese brillo en ventanas de distinto tamaño y en contenidos reales. En patrones del diez y del veinticinco por ciento, el televisor mantiene altas luces limpias, bien controladas por el sistema de mapeo de tonos, sin recortes súbitos ni aplanamiento de la curva. Dolby Vision IQ con Precision Detail encuentra aquí un terreno fértil. Detalles especulares, texturas en superficies metálicas y transiciones en nubes o nieblas lumínicamente complejas conservan relieve y micro contraste sin sacrificar el negro, que se mantiene como referencia absoluta.

La uniformidad de panel, uno de los talones de Aquiles tradicionales del OLED, se resuelve con un nivel de solvencia poco frecuente. En patrones de gris cercano al negro apenas aparecen banding o tintes residuales perceptibles. El polarizador y la baja reflectividad colaboran para que el contraste percibido se mantenga alto incluso en entornos con cierta iluminación ambiente. El ABL interviene de manera contenida. Grandes superficies claras no colapsan de forma abrupta y la transición entre escenas de distinto nivel de brillo resulta más orgánica que en generaciones anteriores. Todo ello configura una imagen que, en cine, combina naturalidad y pegada con un grado de control que sitúa al stellar 65 dr plus en un grupo muy reducido de televisores realmente aptos para masterización y visionados exigentes.

El tratamiento del movimiento confirma ese enfoque. La matriz permite trabajar a hasta ciento cuarenta y cuatro hercios en Ultra HD con VRR y ALLM, lo que se traduce en una respuesta ejemplar con videojuegos y emisiones deportivas. En modo cine, con interpolación desactivada, el televisor conserva el judder inherente al fotograma sin arrastres molestos en paneos complejos. Al activar los sistemas de suavizado, el usuario dispone de un margen razonable antes de entrar en el terreno del efecto dramático artificial. En nuestras pruebas, niveles intermedios permitieron un compromiso inteligente entre nitidez de contornos en movimiento y preservación del carácter cinematográfico. Para el jugador, el modo juego reduce la latencia a valores plenamente competitivos. La compatibilidad con VRR, ALLM y los cuatro puertos HDMI dos punto uno lo legitiman como opción real para consolas de última generación y PC de gama alta.
Más allá del panel, el chasis SL892 vertebra una arquitectura interna que matiza el posicionamiento del televisor. Loewe ha construido sobre esa base un ecosistema en el que Loewe os9, desarrollado sobre la plataforma Vidaa U9, actúa como capa de orquestación general. La interfaz gráfica se caracteriza por un diseño sobrio, de jerarquías claras, donde los accesos a funciones avanzadas conviven con naturalidad junto a las aplicaciones de uso diario. En términos de respuesta, el sistema operativo se muestra ágil. La navegación entre menús, la conmutación entre entradas, la carga de plataformas de streaming y el cambio entre modos SDR y HDR se resuelven sin demoras apreciables, incluso con aplicaciones en segundo plano.

El catálogo de servicios integrados resulta completo y coherente con el perfil del producto. Netflix, Movistar Plus, Max, Prime Video, Disney Plus y el resto de grandes plataformas se ejecutan con estabilidad, con un escalado interno que mantiene cierta homogeneidad estética entre fuentes. Loewe os9 se apoya en la potencia de Vidaa U9 para habilitar además el acceso a juegos en la nube de servicios como Blacknut y Boosteroid. La integración de mandos resulta sencilla y el manejo se aproxima más a la experiencia de un set top box dedicado que a la de una simple función añadida. Para entornos domésticos avanzados, la conectividad con Apple AirPlay, Miracast, Bluetooth y la red local amplía las posibilidades de incorporación del televisor a sistemas de distribución audiovisual más complejos.
Uno de los elementos más singulares de este Loewe es el dr plus de dos canales con SSD interno de hasta un terabyte. A diferencia de las soluciones de grabación sobre memoria flash o discos duros externos que suelen acompañar a muchos televisores, aquí nos encontramos con un subsistema de almacenamiento concebido como parte estructural del chasis. El doble triple sintonizador permite visualizar y grabar en paralelo múltiples fuentes, programar por guía electrónica de programas, efectuar visionado diferido y archivar contenido con un nivel de silencio y rapidez impropio de un dispositivo integrado. La ranura CI CAM de acceso sencillo facilita configuraciones avanzadas con operadores de pago, algo especialmente relevante en contextos profesionales o semiprofesionales donde el televisor se emplea para monitorizar emisiones lineales.
La sección de conectividad física confirma esa vocación versátil. El stellar 65 dr plus ofrece HDMI dos punto uno con eARC, VRR y ALLM, una entrada USB C, salidas ópticas Toslink, LAN, WiFi y Bluetooth, lo que abre un abanico completo de escenarios de uso. La gestión que hace el sistema operativo de estas entradas resulta transparente. El cambio entre dispositivos es rápido, el etiquetado de fuentes se integra bien en la interfaz y no se perciben conflictos entre el procesamiento aplicado a aplicaciones internas y a señales externas. El televisor se comporta, en definitiva, como un hub audiovisual de alto nivel.
El diseño industrial es, sin duda, uno de los pilares sobre los que Loewe quiere construir la identidad de la gama stellar. Lejos de buscar una desaparición visual en la sala, el televisor se presenta como pieza de mobiliario tecnológico. El marco de aluminio cepillado con patrón de diamante, la rejilla metálica del altavoz, el cabinet trasero en hormigón real gris o negro lava, o en aluminio mate según versión, y la integración de conexiones y guías de cable componen un conjunto que se percibe más cercano a un objeto de diseño que a un electrodoméstico. La rigidez del chasis, la ausencia de crujidos o torsiones al manipular la pantalla y el ajuste de uniones refuerzan esa impresión de solidez que rara vez se encuentra en productos fabricados en grandes series.
Los soportes opcionales, incluidos los motorizados gobernados desde el propio mando, amplían las posibilidades de implantación en sala. El giro controlado, la gestión de cables y la compatibilidad con diagonales superiores, hasta el imponente modelo de noventa y siete pulgadas, permiten imaginar el stellar no solo en salones residenciales, sino también en salas de proyección, showrooms, estudios de diseño o entornos de escucha crítica donde la pantalla forma parte de una escenografía cuidadamente construida.

En el plano acústico, el modelo de sesenta y cinco pulgadas ofrece ochenta vatios de potencia en configuración frontal. No pretende competir con sistemas multicanal dedicados, ni mucho menos,, pero sí establecer un estándar para lo que un televisor puede entregar sin ayuda externa. La barra integrada, oculta tras una rejilla metálica o tela acústica según acabado, produce un sonido con articulación de medios, diálogo inteligible y una escena más amplia de lo esperable por el tamaño del recinto. Dolby Atmos y los modos de espacialización Virtual 3D añaden una capa de inmersión que resulta convincente en distancias de visionado razonables. El ecualizador y los seis modos de sonido permiten adaptaciones finas a diferentes tipos de contenido, mientras que la compatibilidad con entradas de canal central en diagonales superiores revela una estrategia clara de Loewe. El televisor como núcleo visible de un sistema de cine en casa integrable con soluciones externas de la propia marca.
En cuanto a la experiencia de uso prolongado, la combinación de panel META, control térmico y algoritmos de protección frente a retenciones demuestra un grado de madurez ya consolidado. En sesiones de varias horas con elementos estáticos, interfaces de videojuegos o barras de noticias, cualquier retención temporal se disipa con rapidez tras ejecutar las rutinas de compensación. El televisor trabaja en silencio, sin ruidos mecánicos ni ventiladores perceptibles, y esa ausencia de fatiga acústica se suma a una ergonomía bien pensada. El mando, con su mezcla de metal y plástico de alta calidad, retroiluminación discreta y doble conectividad por infrarrojos y Bluetooth, refuerza la sensación de estar ante un dispositivo concebido para un uso intensivo y prolongado sin pérdida de precisión.
La valoración global sitúa al Loewe stellar 65 dr plus en un territorio particular. No busca seducir por acumulación de funciones vistosas, sino por la coherencia de un conjunto donde panel, electrónica, sistema operativo, diseño industrial, acústica y arquitectura de grabación se articulan en una misma dirección. Lo relevante es que detrás del discurso de lujo y diseño hay sustancia técnica. El stellar 65 dr plus no es solo un televisor bello. Es una herramienta audiovisual de alto nivel, capaz de servir como pantalla de referencia en contextos domésticos y en entornos profesionales donde la fidelidad, la estabilidad y el control son tan importantes como la estética y el prestigio de la marca.
Más información:
http://www.loewe.maygap.com/

