Torroella de Montgrí, la armonía de l’Empordà
ISRAEL DAVID MARTÍNEZ AGO. 19, 2025 (Fotos: ©www.torroella-estartit.cat)
Entre el Mediterráneo y la silueta imponente del macizo del Montgrí se alza Torroella de Montgrí, una villa ampurdanesa que guarda en sus calles un pasado denso y un presente lleno de vitalidad. Pasear por su casco antiguo es adentrarse en un trazado medieval que aún conserva el encanto de sus murallas y plazas porticadas, memoria de una época en la que la villa fue punto neurálgico de comercio y cultura en el Empordà. El castillo, visible desde kilómetros de distancia, se ha convertido en símbolo de identidad y vigía pétreo de una historia que une mar y tierra.
Torroella fue durante siglos lugar de encuentro entre mercaderes, artistas y viajeros, lo que le otorgó un carácter abierto y hospitalario que todavía hoy se percibe en sus calles y en el trato de sus gentes. El patrimonio arquitectónico convive con un dinamismo cultural notable, impulsado por festivales de prestigio internacional y por una vida asociativa que mantiene la tradición musical y artística muy viva. Quien llega a Torroella descubre no solo un destino de piedra antigua y horizontes marineros, sino también un lugar que invita al reposo y a la inspiración, ideal para una escapada de fin de semana con sabor auténtico.

Para una escapada cultural con mar y piedra, Torroella de Montgrí ofrece un recorrido compacto y muy actual. El emblema sigue siendo el Castell del Montgrí, fortaleza gibelina erigida entre 1294 y 1301 que corona el macizo con sus cuatro torres y murallas de trece metros. La subida se hace a pie por sendero señalizado, sin acceso por carretera, recomendable a primera hora o al atardecer en verano y con agua en la mochila. El parque natural mantiene restricciones puntuales al tráfico motorizado por prevención de incendios, así que conviene ir preparado y disfrutar del paisaje a ritmo tranquilo. Desde lo alto la vista abarca el Baix Empordà y las islas Medes, un balcón memorable para abrir la visita.

A pie de villa, el Palau Solterra de la Fundació Vila Casas es parada ineludible. El palacio del siglo XV alberga el museo de fotografía contemporánea y este verano acoge la exposición de Laia Abril ‘On Abortion’ abierta hasta el 9 de noviembre de 2025, un relato visual de alta densidad ética y formal que dialoga con la colección permanente. El marco histórico suma carácter y permite alternar autores catalanes e internacionales en salas luminosas y muy bien museografiadas.

La Fundació Mascort abre su elegante Casa Galibern con una muestra que pone raíces en el territorio. Joan Pericot Garcia 1907–1987, ‘Una vida entre líneas y colores’, se puede visitar del 22 de junio al 12 de octubre de 2025. El recorrido recupera proyectos de decoración, diseño y pintura inspirados en el Empordà y revela la versatilidad de un creador de origen torroellense. El edificio, neoclásico y cuidadosamente restaurado, ya merece la visita por su patio y estancias que conservan el sabor burgués del XIX.

El Museu de la Mediterrània completa el triángulo museístico con una permanente sensorial dedicada a naturaleza, cultura y diversidad del Mediterráneo, ideal para familias y para entender el vínculo entre el macizo, el Ter y el mar. Este verano el museo suma temporales fotográficas y de arte contemporáneo, entre ellas ‘Bèsties’ de Vicenç Rovira hasta el 15 de septiembre y Reflexions marginals, minimalisme de Guillem Torné durante agosto, además de La Costa Xava de Helena Roig en el Espai Montgrí hasta el 1 de septiembre. La programación estival incluye visitas guiadas a la mina de agua y paseos por la Torroella medieval.
Para completar el paseo monumental, la iglesia de Sant Genís aporta la solemnidad gótica de nave única y buen repertorio de retablos, mientras que el casco histórico reúne la Capella de Sant Antoni, con agenda expositiva de rotación rápida y la torre de les Bruixes y la Porta de Santa Caterina, restos del sistema defensivo que evocan la antigua villa real. En agosto la Capella acoge la ’74a Exposició d’Art Local’, un escaparate del pulso creativo del municipio.
Una visita apasionante
Un par de días en Torroella de Montgrí puede convertirse en una experiencia completa que une patrimonio, paisaje y música. La villa ofrece la posibilidad de pasear –el primer día por la mañana– por su casco histórico, recorrer sus plazas porticadas, visitar la iglesia de Sant Genís y detenerse en el Museu de la Mediterrània para conocer el pulso natural y cultural de la región. Tras un almuerzo en alguno de los restaurantes locales, la tarde puede dedicarse a explorar las exposiciones temporales del Palau Solterra y de la Fundació Mascort. Al caer la tarde, la subida al Castell del Montgrí regala una panorámica inolvidable del Empordà y las islas Medes, con la luz del atardecer bañando el horizonte.

(Foto: ©Roger Lleixà/ Festival de Torroella)
El segundo día conviene reservarlo para la cita que da prestigio internacional a la villa, el Festival de Música de Torroella de Montgrí. Desde su creación en 1981, se ha convertido en uno de los acontecimientos musicales más importantes de la península y ha consolidado la imagen de la localidad como epicentro de cultura en el verano catalán. El festival reúne intérpretes de renombre mundial junto con formaciones emergentes, uniendo tradición y vanguardia en un programa que abarca desde el repertorio barroco hasta la creación contemporánea. La acústica de la iglesia de Sant Genís, escenario habitual de los conciertos, junto al Auditorio Espai Ter, confiere a cada velada un carácter único, donde la música se funde con la piedra gótica.
El hotel

(Hotel Molí del Mig/ Foto: ©press-music.com)
Hospedarse en el Hotel Molí del Mig significa sumergirse en un espacio donde la historia y la modernidad se entrelazan con una naturalidad poco común. El antiguo molino del siglo XV, restaurado con la visión arquitectónica de Josep M. Deulofeu, conserva la memoria de la piedra y del agua, pero añade a esa memoria un diseño contemporáneo que dialoga con el paisaje. Situado en pleno Parque Natural del Montgrí, las Islas Medes y el Baix Ter, el hotel se abre al horizonte del Empordà como un refugio que invita al descanso y a la contemplación.

(Habitación nº 1/ Foto: ©press-music.com)
Las habitaciones, treinta y dos en total, se reparten en tipologías diversas que comparten un mismo espíritu de integración con el entorno. Son amplias, luminosas y cuidadas en cada detalle, con materiales nobles y líneas sobrias que favorecen la serenidad. La habitación número 1, donde nos alojamos durante cuatro noches, nos ofreció unas vistas magníficas sobre la piscina y el jardín, una estampa perfecta al amanecer y al atardecer. La experiencia fue excelente y confirma la capacidad del hotel de generar calma y confort. Es cierto que se echa de menos un gesto de bienvenida más cálido –por ejemplo una copa de cava– o una ducha convencional en el spa, pero la sensación general es la de un lugar que piensa en el huésped y en su bienestar. Trato exquisito por parte de las recepcionistas.

(Vista desde la habitación nº 1/ Foto: ©press-music.com)
El spa ocupa el corazón del molino y convierte el paso del tiempo en una experiencia de sosiego. Sauna, jacuzzi y masajes permiten reconectar con uno mismo en un ambiente íntimo y silencioso. La cocina, servida en la terraza, resulta correcta en su relación calidad precio y añade el placer de cenar bajo la sombra de los árboles. El hotel ha apostado también por el cicloturismo, con alquiler de bicicletas, rutas propias y espacio para su cuidado, lo que lo convierte en un punto de partida ideal para explorar el Empordà.

(Spa/ Foto: ©press-music.com)
Queda la idea sugerente de impulsar en este espacio un pequeño festival de canto lírico que no coincida con el Festival de Torroella. Sería una forma de ampliar la oferta cultural y atraer a un público sensible y exigente. Otros países han integrado con naturalidad estas iniciativas en sus hoteles, logrando un vínculo entre turismo, arte y territorio. El Molí del Mig posee el marco perfecto para ello, pues ya encarna una filosofía de equilibrio entre tradición y modernidad, entre descanso y cultura, entre paisaje y espíritu. Se debería realizar un estudio detallado sobre el lugar idóneo donde realizar los conciertos.

(Piscina/ Foto: ©press-music.com)

(Jardín/ Foto: ©press-music.com)

(‘Ensalada de burrata con tomates de temporada, suave pesto cremoso y picatostes de brioche’/ Foto: ©press-music.com)
Torroella de Montgrí se alza como un cruce de caminos donde la historia, la naturaleza y la cultura se entrelazan en un equilibrio sereno. Sus murallas, sus plazas y el perfil del castillo en lo alto del macizo guardan la memoria de generaciones que han dejado aquí huella de piedra y de música. El viajero que se adentra en esta villa descubre que el tiempo adquiere otra medida, más lenta y contemplativa, más cercana al ritmo del río Ter o al silencio que se abre al contemplar las islas Medes desde lo alto. El Festival de Música convierte el verano en un ritual compartido, pero la experiencia se completa en los museos, en las calles porticadas y en la calma hospitalaria del Hotel Molí del Mig. Allí, entre diseño contemporáneo y raíces antiguas, uno comprende que Torroella no es solo un destino sino una forma de habitar el instante, un refugio donde lo efímero se transforma en recuerdo perdurable.

