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Viajar Con Un Instrumento: Políticas De Equipaje

Viajar con un instrumento: políticas de equipaje

By PAULA SÁNCHEZ LAHOZ     ENE. 6, 2019

Las compañías aéreas modifican su política de equipaje regularmente adaptando la normativa a un mundo en constante cambio. Con reglamentos cada vez más agresivos, el principal perjudicado siempre acaba siendo el usuario. Y en el caso de los músicos, el agravio es todavía mayor.

Costes i beneficios

El coste real de los desplazamientos en avión es caro. El precio del combustible es alto, el aparato y el mantenimiento que requiere, también. Y a esto, hay que sumarle las tasas que pagan las compañías simplemente por aterrizar en una ciudad (hasta el precio de las terminales es variable).

Las compañías aéreas lowcost suelen estar en terminales alejadas de las pistas, por lo que pagan menos y este margen permite ofrecer precios más competitivos (de ahí los autobuses o lanzaderas). Durante la última década, los precios han bajado considerablemente gracias a la reducción de servicios, de espacio, de equipaje… que en caso de necesitarlos, hay que pagar aparte. Pero, ¿cómo afecta esto al músico?

Músico a bordo

Ser músico implica, generalmente, llevar el instrumento contigo allá dónde vayas. Si tus padres escogieron un instrumento pequeño cuando empezaste a estudiar música, agradéceselo toda la vida. Si tienes la suerte de tocar la flauta, el violín, el clarinete (no, el bajo no)… o hasta la viola, eres de los afortunados que puede subir el instrumento a bordo sin gastos extra (a excepción de compañías todavía más oportunistas, como sería el caso de Ryanair).

Ryanair, con la nueva política vigente desde el 1 de noviembre de 2018, el único bulto que permite a bordo sin coste extra es una bolsa de medidas muy reducidas (un bolso de mano que quepa debajo del asiento). Subir al avión un bulto mayor, sea maleta de mano o instrumento pequeño (medidas aquí), tiene un coste de seis euros. En caso de querer facturar un bulto del mismo tamaño y de hasta diez quilos de peso, el precio es de diez euros. Pero no es una opción muy recomendable.

Mayor volumen, mayor precio

Si tu instrumento sale de las medidas permitidas para subir a bordo, como equipaje de mano, las opciones son pocas: comprar otro asiento o facturar.

El extra seat es la opción más segura (en algunas compañías se compra como extra seat, en otras sencillamente se compran dos billetes). El transporte de una guitarra, al ser un instrumento mediano, depende de la compañía: algunas las aceptan como equipaje de mano y otras las consideran demasiado grandes, por lo que es necesario comprar un asiento extra. Este último sería el único caso posible para los cellistas que quieren ir con su instrumento al lado. Esto significa comprar para cada viaje un asiento más, supone pagar un billete añadido.

Este tipo de billetes se pagan completamente, y consecuentemente los servicios incluídos deberían ser los mismos. Por ejemplo, en el caso de viajes largos que incluyen menús o pequeños refrigerios, los correspondientes al extra seat tendrían que ser entregados de igual forma, pero rara vez es así. Lo mismo ocurre con el equipaje: si cada asiento da derecho a una maleta de cabina, un músico (o cualquier otra persona) con dos billetes debería poder subir dos maletas, pero esto tampoco sucede. Si el servicio pagado no se ofrece, es que hay algo que no funciona. Como usuarios, debemos reclamar los servicios que nos corresponden (reclamaciones que ya han hecho varios músicos a través de redes y otros medios).

Otro tema son los contrabajistas. La mayoría de aerolíneas no permiten el transporte de contrabajos, y en caso de ser posible sólo está permitida su facturación, como por ejemplo Norwegian. Para hacerlo, es necesario realizarlo mediante una llamada antes de 48h del vuelo, aunque esto depende de la compañía.

Facturación: opción y riesgo

Aunque generalmente los músicos con instrumentos de dimensiones grandes acostumbramos a comprar un asiento extra, existe la opción de facturarlo.

Las ventajas, si bien pocas, existen: evitas llevar el instrumento contigo durante todo el vuelo, estar pendiente de subirlo y bajarlo del avión, y tu espalda te agradece la espera y parte del viaje sin los diez quilos colgando.

Desventajas: muchas y evidentes. Aunque evitas el peso del instrumento durante el embarque y el paseo por la terminal hasta la puerta correspondiente, cuando tienes que recogerlo en la cinta de facturación es mejor que lo hagas con un carrito, si el estuche no tiene ruedas. Los estuches para facturación son sólidos y rosbustos, y como consiguiente, muy pesados. Pero el riesgo a la fractura es superior a su dureza. El precio, además, es elevado. Además de romperse (el peligro más evidente), no es tan raro que se extravíe. Hace unos años, el cellista Alban Gerhardt visitó Barcelona para ofrecer unos conciertos que tuvo que realizar con un violoncello prestado, dado que el suyo estaba en la otra punta del globo (evidentemente, no por voluntad propia).

Otras alternativas

Para los viajes largos y de grandes distancias, la opción más rápida suele ser coger un avión. Pero hay opciones más allá del vuelo o el coche. Actualmente, los trenes de alta velocidad son una muy buena alternativa que, además, permiten aprovechar el viaje. El equipaje no supone un gasto extra y además el espacio suele ser superior. Para viajar con instrumentos grandes es, sin duda, una opción a tener en cuenta.

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