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Dos Genios, Magia

Dos genios, magia

By PAULA SÁNCHEZ LAHOZ      ENE. 31, 2019

Enfrentarse a la obra de Schubert nunca es fácil, pero conseguir un resultado excepcional, lo es todavía menos. El pasado jueves 31 de enero, en la Sala de Conciertos del Palau de la Música Catalana, el Trio Wanderer y Schubert hicieron magia.

El mejor efecto

Un único sonido generoso, redondo, sólido, emanó de los tres instrumentos durante toda la noche, desde la primera nota hasta la última. Cada silencio escrito por Schubert fue algo más que una simple ausencia de sonido, cada pausa fue un susurro más allá de la música. Conseguir este efecto, es conseguir realmente que la música esté viva. Con las dos grandes obras presentadas, el Trío núm. 1, en Si b mayor, op. 99, D. 898 y el Trío núm. 2, en Mi b mayor, op. 100, D. 929, la formación presumió de una comprensión pletórica y de un gusto exquisito. Los tempos, para los que conocían bien su versión de CD, fueron una sorpresa. Sutilmente más ligeros, esta diferencia quedó subrayada especialmente en el Andante con moto del segundo Trío, que no dejó de ser una versión magistral.

Humildad y protagonismo

La complicidad entre los músicos, presente en todo momento, iba más allá de sus miradas, que se quedaron en las justas y necesarias. El balanceo de la música iba acompañado de una atmósfera que, a pesar de los múltiples aplausos entre movimientos, no se rompió en ningún instante.

Cada uno a su manera, y a su tiempo, demostraron un dominio técnico impecable. Al piano, Vincent Coq y sus manos atentas, que frasearon admirablemente con la misma intención melodías y acompañamientos. Las cuerdas, con Jean-Marc Phillips-Varjabédia al violín y Raphaël Pidoux al cello, hicieron verdaderas maravillas en sus diálogos, respetándose de una forma que permetía escuchar cada voz y a la vez la totalidad de la música. Un buen ejemplo de esta imagen fue también el segundo movimiento del primer Trío, el Andante un poco mosso, con interrupciones continuas pero amables y muy bien introducidas.

Para acabar, ofrecieron una perla del mismo compositor: el Nocturno en Mi bemol Mayor, de una delicadeza y sensibilidad soberbias. Un regalo muy bien escogido.

No quedó sitio para el ego personal del Wanderer, Schubert, con su música, fue el principal protagonista, antepuesto por delante de todo. Dos genios y mucha magia.

palaumusica.cat

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